Un encuentro de bendición.

El pasado fin de semana vivimos una experiencia nueva del amor de Dios, el padre Guillermo Campuzano, nos compartió su testimonio como un regalo de la misericordia de Nuestro Señor;
Vale la pena recordar que Dios siempre hace nuevas todas las cosas.
Seguramente has escuchado con frecuencia la frase Dios te ama, pero cada vez que la escuchas sientes que algo nuevo ocurre en lo más profundo del corazón. Hoy es un buen día para que Dios te haga escuchar de manera nueva que te ama. Gracias Señor por el fin de semana, Gracias por susurrar con novedad que tu amor es eterno.

DE REGRESO.

Después de varios días de no escribir en mi blog, hoy quiero invitarlos a pedir juntos la gracia del cielo de la santa alegría. En la oración colecta de esta semana en la eucaristía esta es la petición. La alegría santa es aquella que esta por encima de las dificultades, de los obstáculos, es aquella que nos enseña que es posible sonreir aunque existan nubes que de momento tapen la luz del sol.
Alégrate te lo repito alégrate insistia San Pablo a sus comunidades. Hoy te invito no sólo a pedir por tus dificultades, hoy pide la gracia del gozo nuevo, aquel que no se marchita. Naciste para vivir en alegría y alegrar la vida de los demás, el día que saliste del vientre de tu mamá lloraste pero esas lágrimas fueron fuente de alegría para tu familia. En medio de las lágrimas también tienes la misión de consolar y sonreir.


Hace algún tiempo visite Mexico, y allí en una tarde preciosa vi uno de los atardeceres más bellos de mi vida, esta fotografia es de aquél día. Hoy quiero invitarles para que en la contemplación preparemos nuestro corazón para Pentecostés. Oremos juntos:
“Respira en mí
oh Espíritu Santo
para que mis pensamientos
puedan ser todos santos.

Actúa en mí
oh Espíritu Santo
para que mi trabajo, también,
pueda ser santo.

Dibuja mi corazón
oh Espíritu Santo
para que sólo ame
lo que es santo.

Fortaléceme
oh Espíritu Santo
para que defienda
todo lo que es santo.

Guárdame pues
oh Espíritu Santo
para que yo siempre
pueda ser santo”.
(San Agustín).

Historia de dos ciudades

Un viajero se aproximaba a una gran ciudad y preguntó a una mujer que se encontraba a un lado del camino: "¿Cómo es la gente de esta ciudad?". "¿Cómo era la gente del lugar de donde vienes?", le inquirió ella a su vez. "Terrible, mezquina, no se puede confiar en ella... detestable en todo los sentidos", respondió el viajero. "¡Ah! -exclamó la mujer-, encontrarás lo mismo en la ciudad a donde te diriges".Apenas había partido el primer viajero cuando otro se detuvo y también preguntó acerca de la gente que habitaba en la ciudad cercana. De nuevo la mujer le preguntó al viajero por la gente de la ciudad de donde provenía. "Era gente maravillosa; honesta, trabajadora y extremadamente generosa. Lamento haber tenído que partir.", declaró el segundo viajero. La sabia mujer le respondió: "Lo mismo hallarás en la ciudad adonde te diriges". En ocasiones no vemos las cosas como son, las vemos como somos.

De la imitación de Cristo.

1. Señor, confiando en tu bondad y gran misericordia, vengo yo enfermo al médico; hambriento y sediento, a la fuente de la vida; pobre, al rey del cielo; siervo, al Señor; criatura, al Criador; desconsolado, a mi piadoso consolador. Mas ¿se dónde a mí tanto bien, que Tú vengas a mí? ¿Quién soy yo para que te me des a Ti mismo? ¿Cómo se atreve el pecador a comparecer delante de Ti? Y Tú ¿cómo te dignas de venir al pecador? Tú conoces a tu siervo, y sabes que ningún bien tiene por donde pueda merecer que Tú le hagas este beneficio. Yo te confieso, pues, mi vileza, reconozco tu verdad, alabo tu piedad, y te doy gracias por tu extremada caridad. Pues así lo haces conmigo, no por mis merecimientos, sino por Ti mismo, para darme a conocer mejor tu bondad; para que se me infunda mayor caridad, y se recomiende más la humildad. Pues así te agrada a Ti, y así mandaste que se hiciese; también me agrada a mí que Tú lo hayas tenido por bien. ¡Ojalá que no lo impida mi maldad!2. ¡Oh dulcísimo y benignísimo Jesús! ¡Cuánta reverencia y gracias acompañadas de perpetua alabanza te son debidas por habernos dado tu sacratísimo cuerpo, cuya dignidad ningún hombre es capaz de explicar! Mas ¿qué pensaré en esta comunión, cuando quiero llegarme a mi Señor, a quien no puedo venerar debidamente, y sin embargo deseo recibir con devoción? ¿Qué cosa mejor y más saludable pensaré, sino humillarme profundamente delante de Ti, y ensalzar tu infinita bondad sobre mí? Yo te alabo, Dios mío, y deseo que seas ensalzado para siempre. Despréciome y me rindo a tu majestad en el abismo de mi bajeza.3. Tú eres el Santo de los Santos, y yo la basura de los pecadores. Tú te bajas a mí, que no soy digno de alzar los ojos para mirarte. Tú vienes a mí, Tú quieres estar conmigo, Tú me convidas a tu mesa. Tú me quieres dar a comer el manjar celestial, y el pan de los ángeles; que no es otra cosa por cierto sino Tú mismo, pan vivo que descendiste del cielo, y das vida al mundo.4. ¡Cuánto es, pues, tu amor, cuál tu dignación! y ¡cuántas gracias y alabanzas te son debidas por esto! ¡Oh cuán saludable y provechoso designio tuviste en la institución de este Sacramento! ¡Cuán inefable tu verdad! Pues Tú hablaste, y fue hecho el universo; y se hizo lo que Tú mandaste.

La valentía premiada

Estaba caminando en una calle poco iluminada una noche ya tarde, cuando escuché unos gritos que trataban de ser silenciados y que venían de atrás de un grupo de arbustos. Alarmado, aflojé el paso para escuchar y me aterroricé cuando me dí cuenta de que lo que se escuchaba eran los inconfundibles signos de una lucha desesperada en la que a unos pocos metros de mí una mujer estaba siendo atacada. ¿Me debería involucrar? Yo estaba asustado pensando en mi propia seguridad y me maldije a mí mismo por el dilema ante el que estaba: ¿No debería tan solo correr al teléfono más cercano y llamar a la policía? Los gritos aumentaban. Tenía que actuar con rapidez. Finalmente me decidí. No podía darle la espalda a esa pobre mujer, aunque eso significara arriesgar mi propia vida. No soy un hombre valiente, ni soy un hombre fuerte ni atlético. No sé dónde encontré el coraje moral y la fuerza física, pero una vez que había decidido finalmente ayudar a la chica, me volví extrañamente transformado. Corrí detrás de los arbustos y salté sobre el asaltante. Forcejeando, caímos al suelo y luchamos durante unos minutos, hasta que el atacante se puso en pie de un salto y escapó. Jadeando fuertemente, me levanté con dificultad, y me acerqué a la chica, que estaba en cuclillas detrás de un árbol, llorando. En la oscuridad, apenas podía ver su silueta, temblando y en pleno shock nervioso. No quería asustarla de nuevo, así que le hablé a cierta distancia. "No te preocupes, ya se ha ido, estás a salvo", dije en tono tranquilizador. Hubo una prolongada pausa, y entonces oí: "¿Papá, eres tú?". Y entonces desde detrás del árbol salió caminando mi hija Katherine.

ESPÍRITU SANTO

Oración.
Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz.
Ven, padre de los pobres; ven dador de las gracias, ven luz de los corazones.
Consolador magnífico, dulce huésped del alma, dulce refrigerio.
Descanso en la fatiga, brisa en el estío, consuelo en el llanto.
¡Oh luz santísima!, llena lo más íntimo de los corazones de tus fieles.
Sin tu ayuda, nada hay en el hombre, nada que sea bueno.
Lava lo que está manchado, riega lo que está árido, sana lo que está enfermo.
Doblega lo que está rígido, calienta lo que está frío, endereza lo que está extraviado.
Concede a tus fieles que en Ti confían tus siete sagrados dones.
Dales el mérito de la virtud, dales el puerto de la salvación, dales la felicidad eterna.

Jesús ha venido a traer vida en abundancia, Pero Jesús murió y resucitó hace dos mil años, por lo que es lógica la pregunta: ¿Cómo se hace presente la salvación de Jesús en el día de hoy?.
El Espíritu Santo es quien hace efectiva dicha salvación, haciendo presente a Jesús. El espíritu toca los corazones para que se abran a la Palabra de la verdad.
Él mismo llega al interior de cada persona, para convencerla de ser pecadora y necesitada de salvación; y no es nadie sino el Espíritu Santo quien hace presente hoy a Jesús como el único Salvador y Señor.
El Espíritu Santo hace nuevas todas las cosas al cambiar nuestros corazones de piedra por corazones de carne. Él nos hace criaturas nuevas y comienza a instaurar en este mundo el reino de Dios.
El corazón del hombre sólo puede ser renovado por Dios, su creador. nosotros podemos mudar las apariencias y hasta las formas externas de vida. Podríamos incluso cambiar de moral, pero el único que transforma el interior del hombre para hacerlo criatura nueva, es Dios mismo a través de su Espíritu Santo. Por eso una de las últimas palabras de Jesús en este mundo a sus discípulos, fue esta: " Os conviene que yo me vaya; porque sino me voy, el defensor no vendrá a vosotros; y si me voy, os lo enviaré; cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa" (Jn 16,7;15,26;16,13).

Seminario de vida Popayan.

PECADO Y SALVACION.
Fuimos hechos por y para el amor. Sin embargo nuestro problema comienza cuando nos alejamos de la fuente del amor, para seguir nuestros propios caminos.
Quien se aparta de la vida, no puede encontrar sino muerte. la peor enfermedad del hombre se llama pecado, porque todo el que comete pecado es un esclavo (Juan 8,34), cuya consecuencia lógica es la muerte (Rom 6,23), ya que todo aquel que siembra en la carne, cosecha corrupción (Gál 6,8).
El pecado es como una coraza que no nos permite experimentar el amor de Dios. Básicamente consiste en creernos más a nosotros mismos y nuestros medios, que a los caminos de Dios. Es una rebeldía que nos lleva a independizarnos de Dios, y por tanto a no experimentar su amor salvífico, pues nos separa de los demás y divide nuestro interior. Más que hacer cosas malas o prohibidas, se trata de una actitud de rebeldía frente a Dios, alejándonos de su presencia y de sus caminos. " Porque todos pecaron y están privados de la gloria de Dios" (Rom 3,23).
Cambio de rostro
A Leonardo Da Vinci le llevo siete años completar su famosa obra titulada "La Última Cena". Las figuras que representan a los 12 apóstoles y a Jesús fueron tomadas de personas reales. La persona que sería el modelo para ser Cristo fue la primera en ser seleccionada. Cuando se supo que Da Vinci pintaría esa obra, cientos de jóvenes se presentaron ante él para ser seleccionados. Da Vinci buscaba un rostro que mostrara una personalidad inocente, pacífica y a la vez bella. Buscaba un rostro libre de las cicatrices y rasgos duros que deja la vida intranquila del pecado. Finalmente, después de unos meses de búsqueda seleccionó a un joven de 19 años de edad como modelo para pintar la figura de Jesucristo. Durante seis meses trabajó para lograr pintar al personaje principal de esa obra. Durante los seis siguientes años, Da Vinci continuó su obra buscando las personas que representarían a 11 apóstoles, y dejó para el final a aquel que representaría a Judas. Estuvo buscando durante semanas un hombre con una expresión dura y fría. Un rostro marcado por cicatrices de avaricia, decepción, traición, hipocresía y crimen. Un rostro que identificaría a una persona que sin duda traicionaría a su mejor amigo. Después de muchos fallidos intentos en la búsqueda de este modelo llegó a los oídos de Leonardo Da Vinci que había un hombre con estas características en el calabozo de Roma. Este hombre estaba sentenciado a muerte por haber llevado una vida de robos y asesinatos. Da Vinci vio ante él a un hombre cuyo pelo caía sobre el rostro escondiendo dos ojos llenos de rencor, odio y ruina. Al fin había encontrado a quien modelaría a Judas en su obra. Gracias a un permiso del rey, este prisionero fue trasladado a Milán al estudio del maestro. Durante varios meses este hombre se sentó silenciosamente frente a Da Vinci mientras el artista continuaba con la ardua tarea de plasmar en su obra al personaje que había traicionado a Jesús. Cuando Leonardo dio la última pincelada se volvió a los guardias y dio la orden de que se llevaran al prisionero. Cuando salía, se volvió hacia Leonardo Da Vinci y le dijo: "¡Da Vinci!! !Obsérvame!! ¿No reconoces quién soy?". El artista lo observó cuidadosamente y respondió: "Nunca te había visto hasta aquella tarde en el calabozo de Roma". El prisionero levantó los ojos y dijo: "¡Mírame bien, soy aquel joven cuyo rostro escogiste para representar a Cristo hace siete años...!".

Y ENTONCES ¿CUÁL ES EL CAMINO?.... " No hay salvación en ningún otro, pues no se nos ha dado a los hombres ningún otro nombre debajo del cielo para salvarnos" (hechos 4,12).

Hay dos mares en Palestina.

Uno es fresco y lleno de peces, hermosas plantas adornan sus orillas; los árboles extienden sus ramas sobre él y alargan sus sedientas raíces para beber sus saludables aguas y en sus playas los niños juegan.
El río Jordán hace este mar con burbujeantes aguas de las colinas, que ríen en el atardecer. los hombres construyen sus casas en la cercanía y los pájaros sus nidos y toda clase de vida es feliz de estar allí. El río Jordán corre hacia el sur a otro mar, aquí no hay trazas de vida, ni murmullos de hojas, ni canto de pájaros, ni risas de niños.
Los viajeros escogen otra ruta, solamente por urgencia lo cruzan, el aire es espeso sobre sus aguas y ningún hombre ni bestias, ni aves la beben.
¿qué hace esta gran diferencia entre mares vecinos? No es el río Jordán. El lleva la misma agua a los dos. No es el suelo sobre el que están, ni el campo que los rodea.
La diferencia es ésta: El mar de Galilea recibe al río pero no lo retiene. Por cada gota que a él llega, otra sale. El otro mar retiene su ingreso y cada gota que llega, allí queda. Le llaman mar muerto. Que gran ejémplo que nos da Dios a traves de la naturaleza ! aprendamos a ser canal de bendición para otros, si Dios nos bendice con su amor, demos amor a los que nos rodean, si Él nos da perdón ofrezcamos perdón, todos hemos recibido algo directamente del cielo para continuar fluyendo hacia los demas, no permitas que se estanque allí.
Más importante en esta vida que ganar solo, es ayudar a otros a vencer también. Aunque eso implique disminuir el paso o cambiar el curso.

Retiro de perdón.



NO JUZGUEN Y NO SERÁN JUZGADOS.

El paquete de galletas
Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en él anden central y se sentó preparada para la espera. Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente. La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer como si nada hubiera pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos. Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió. La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El dialogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta. "No podrá ser tan descarado", pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió en dos y ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco. "¡Gracias!", dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad. "De nada", contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad. Entonces el tren anunció su partida... La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el anden y pensó: "¡Qué insolente, qué mal educado, qué será de este mundo con esta juventud!". Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas intacto.

Taller:
¿Alguna vez he juzgado y he ofendido a alguien injustamente?. Piensa en esa persona y colócala a los pies de Jesús, pídele perdón al escribir una corta oración.

memorias retiro de perdón.

Perdonar y agradecer.

Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: "Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro". Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, y le salvó su amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra: "Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida". Intrigado, el amigo preguntó: "¿Por qué después que te pegué escribiste en la arena y ahora en cambio escribes en una piedra?". Sonriendo, el otro amigo respondió: "Cuando un amigo nos ofende, debemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo. Pero cuando nos ayuda, debemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento podrá borrarlo".

Del Evangelio Según San Mateo. 18, 21-35


Pedro se acercó entonces y le dijo: « Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces? » 22 Dícele Jesús: « No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
23 « Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. 24 Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. 25 Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. 26 Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: "Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré." 27 Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 28 Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: "Paga lo que debes." 29 Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: "Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré." 30 . Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. 31 Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. 32 Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. 33 ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?" 34 Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.

Taller.
1. ¿Cuáles han sido las ofensas más graves que Dios te ha perdonado.?.
2. Piensa en las heridas más grandes que hay en tu corazón.
3. ¿Quién las ha causado?
4. Escribe sus nombres y lo que hoy sientes por estas personas.




Una pierna deforme


Un niño pequeño entró en una tienda de mascotas con tres monedas en la mano comprar un cachorro de esos que se anunciaban en venta en el escaparate de la tienda. Lo recibió el tendero: "Buenos días. ¿Qué se te ofrece?". El niño le dijo: "En el escaparate hay un letrero anunciando que venden cachorros y yo quiero comprar uno. ¿Cuánto cuestan?". "Mira, cuestan quinientos pesos". "¡Uy! Traigo sólo esto", y le enseñó las tres monedas. "¿Puedo verlos?", le preguntó el niño. "Claro que sí", contestó el tendero con una sonrisa. Entró a verlos y se encontró con una perrita con cinco cachorros. El último cachorro cojeaba. "¿Qué le pasa a ese cachorro?", preguntó el niño. "Nació con un defecto en las patas traseras. Ese perrito no puede correr, ni saltar". "Ése es el que quiero", dijo el niño entusiasmado. "No querrás ese, si no podrá correr contigo. Llévate mejor este otro que está muy bien", dijo el tendero. "No, yo quiero ése". "¿Por qué?", preguntó el tendero. El niño se levantó el pantalón y le mostró su pierna derecha que estaba deforme y maltrecha, y le dijo: "Yo tampoco puedo correr bien, ni saltar, y ese perrito necesita alguien que le comprenda." El tendero se quedó conmovido y enseguida le dijo: Bueno, pues entonces te lo vendo por las tres monedas que traes". "No, de ninguna manera. El hecho de haber nacido así no lo hace menos valioso. Yo le pagaré el mismo precio que pide por los demás, hasta el último centavo". El tendero, aún más conmovido, le dijo: "Ojalá los demás cachorritos tengan un dueño como tú, que los quiera y los comprenda así. Todos merecemos tener alguién que nos comprenda y nos quiera así como somos".

Admitir

Un anciano que tenía un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de arte. Un día visitó un museo con algunos amigos. Se le olvidaron las gafas en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no le frenó en manifestar sus fuertes opiniones. Tan pronto entraron a la galería, comenzó a criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo: "El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre esta vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa. En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato. Es una falta de respeto". El anciano siguió su parloteo sin parar hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó discretamente para decirle en voz baja: "Querido, estás mirando un espejo". Moraleja: Tardamos en reconocer y admitir nuestras propias faltas, que parecen muy grandes cuando las vemos en los demás.

Vida en el Espíritu.



“Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. Velen en común y perseveren en sus oraciones sin desanimarse nunca… ” Ef. 6, 18

Con estas palabras el apóstol Pablo nos recuerda la necesidad vital del encuentro perseverante con el Señor; un encuentro que sólo será verdaderamente fecundo si es dirigido por la persona del Espíritu Santo, ahora bien ¿cómo saber si mi vida espiritual tiene una docilidad sincera al dulce huésped del alma? El texto de Efesios nos ofrece tres elementos de discernimiento:


1- Actitud de súplica: Abandonarse en Dios para clamar su ternura es la convicción del hombre humilde que sabe que todo aquel que llama encontrará respuesta, sólo quien reconoce que necesita ayuda podrá ser ayudado. Quien suplica aprende a esperar, el Santo Padre Benedicto XVI nos dice en su encíclica Spe Salvi “Un lugar primero y esencial de aprendizaje de la esperanza es la oración. Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme –cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar–, Él puede ayudarme. Si me veo relegado a la extrema soledad...; el que reza nunca está totalmente solo.”

2- Perseverancia: El verdadero amor no sólo se mide por actos heroicos, la constancia es quien construye caminos de solidez. La acción del Espíritu de Dios no es una realidad que aparece y luego desaparece, la obra de Dios estimula la fortaleza y sustenta pasos de convicción hacia la santificación de nuestras vidas.

3- Vida en comunidad: La vida espiritual no es una realidad aislada que nos separa de la vivencia fraterna por el contrario nos integra y nos convierte en verdaderos protagonistas y gestores de la civilización del amor.



Agradecer no solo es un acto de justicia sino un acto de amor. Hoy quiero encomendar al buen Dios a esta bella diócesis que me acogió y me manifesto claramente la ternura del cielo.

Dispuestos a recibir un tiro.

Cuentan que durante la guerra de los “cristeros”, cuando la Revolución Mexicana persiguió a muerte a la Iglesia, las misas se hacían clandestinamente y los vecinos se pasaban la voz cada vez que llegaba un sacerdote vestido de paisano al pueblo. En un pueblo, en algún lugar rural de México, esperaban al sacerdote que llegaría ese fin de semana de un pueblo vecino. Los catequistas clandestinos tenían preparados bautizos y otros sacramentos y para tal ocasión consiguieron un viejo granero, lo suficientemente amplio para albergar unos cientos de fieles. Aquel domingo por la mañana el viejo granero estaba totalmente lleno con una cantidad de fieles de alrededor. Las 600 personas que estaban reunidas esperando el inicio de la celebración se sobrecogieron al ver dos hombres entrar vestidos con uniforme militar y armados. Uno de los hombres dijo: "El que se atreva a recibir un tiro por Cristo, quédese donde está. Las puertas estarán abiertas sólo cinco minutos". Inmediatamente el coro se levantó y se fue. Los diáconos también se fueron, y gran parte de la feligresía. De las 600 personas solo quedaron 20. El militar que había hablado, miró al sacerdote y le dijo: "OK, padre, yo también soy cristiano y ya me deshice de los hipócritas. Continúe con su celebración".

Fiesta de la juventud..

Hoy 31 de enero es la fiesta de Juan Bosco, el patrono de la juventud y quiero desde la di'ocesis de Tyler en Estados Unidos donde me encuentro predicando un bello congreso enviar una bendici'on a todos los j'ovenes de Colombia, recordandoles que no tengan miedo a seguir caminando de la mano de Dios. Hoy el cielo sonrie por ustedes y les grita que no estan s'olos que su ternura y fortaleza va delante.

Alegr'ense, sonrian, dancen con j'ubilo por que la fiesta ya inici'o, san Juan Bosco intercede por todos los j'ovenes de Colombia.

De vuelta de la guerra

Un soldado que pudo regresar a casa después de haber peleado en la guerra de Irak. Le habló a sus padres desde San Francisco. "Mamá, voy de regreso a casa, pero tengo que pediros un favor. Traigo a un amigo que me gustaría que se quedara con nosotros." Le dijeron: "Claro, nos encantaría conocerlo." El hijo siguió diciendo: "Hay algo que debéis saber. Fue herido en la guerra. Pisó en una mina de tierra y perdió un brazo y una pierna. Él no tiene adónde ir, y quiero que se venga a vivir con nosotros a casa." "Siento mucho el escuchar eso, hijo. A lo mejor podemos encontrar un lugar en donde el se pueda quedar." "No, mamá y papá, yo quiero que él viva con nosotros." "Hijo, tu no sabes lo que estás pidiendo. Alguien que esté tan limitado físicamente puede ser un gran peso para nosotros. Nosotros tenemos nuestras propias vidas que vivir, y no podemos dejar que algo como esto interfiera con nuestras vidas. Yo pienso que tu deberías de regresar a casa y olvidarte de esta persona. Él encontrara una manera en la que pueda vivir él solo." En ese momento el hijo colgó el teléfono. Los padres ya no volvieron a saber de él. Unos días después, los padres recibieron una llamada telefónica de la policía de San Francisco. Su hijo había muerto después de que se había caído de un edificio, fue lo que les dijeron. La policía creía que era un suicidio. Los padres, destrozados de la noticia, volaron a San Francisco y fueron llevados a que identificaran a su hijo. Ellos lo reconocieron, pero, para su horror, ellos descubrieron algo que no sabían: su hijo tan solo tenía un brazo y una pierna. Los padres de esta historia son como muchos de nosotros. Encontramos muy fácil amar a personas que son hermosas por fuera o que son simpáticas, pero no a la gente que nos hace sentir alguna inconveniencia o que nos hace sentirnos incómodos. Preferimos estar alejados de personas que no son hermosas, sanas o inteligentes como suponemos serlo nosotros.

Un bello ejemplo...


Guy de Larigaudie, routier legendario, el primero que unió en automóvil Francia con Indochina, cayó en el campo de honor el 11 de mayo de 1940, en la frontera de Luxemburgo. Se le encontró encima una carta, escrita a una religiosa carmelita, en la que decía:"Hermana:Estoy en la refriega. Puede que no vuelva.Tenía hermosos sueños y grandes proyectos. Sin embargo, si no fuera por la pena inmensa que esto va a causar a mi pobre madre y a los míos, saltaría de gozo. Tenía tanta nostalgia del cielo..., y ahora presiento que pronto va a abrirse la puerta.Al ser tan grande mi deseo del cielo y de la posesión de Dios el sacrificio de mi vida no es tal sacrificio.Había soñado llegar a ser santo y ser un modelo para los lobatos, scouts y routiers. Demasiada ambición quizá para mi talla. Pero era así.Estoy alistado en el cuerpo de caballería y contento de que mi última aventura sea a caballo..."Esta última carta es su retrato exacto: amor a la vida y nostalgia de Dios. Saboreaba la vida como un chiquillo saborea una fruta maravillosa.Pero en su interior no cesaba de oír un nuevo canto, una llamada más seductora todavía: la llamada de Dios.

SAN FRANCISCO DE SALES,

OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA Nació en Saboya el año 1567. Una vez ordenado sacerdote, trabajó incansablemente por el retorno al catolicismo de sus compatriotas. Nombrado obispo de Ginebra, actuó como un verdadero pastor para con los clérigos y fieles, adoctrinándolos en la fe con sus escritos y con sus obras, convirtiéndose en un ejemplo para todos. Murió en Lyon el día 28 de diciembre del año 1622, Pero fue el día 24 de enero del año siguiente cuando recibió su sepultura definitiva en Annecy.
De la Introducción a la vida devota, de San Francisco de Sales, obispo (parte 1,cap. 3):
La devoción se ha de ejercitar de diversas manerasGLOSAEstas páginas de San Francisco nos sumergen inmediatamente en su espíritu y en la nítida visión cristiana que caracteriza toda su actividad de maestro espiritual. El Reino de Dios es un organismo en el cual cada parte ejecuta su función específica e insustituible. Así, alternando ejemplos de viva elocuencia y de fácil comprensión, este Doctor de la Iglesia llega a la siguiente conclusión: «en cualquier situación que nos encontremos, se puede y se debe aspirar a la santidad». El Concilio Vaticano II irá aún más allá, al reafirmar la llamada universal a la santidad, subrayando el valor santificador precisamente del trabajo y de las circunstancias ordinarias de la vida.En la misma creación, Dios creador mandó a las plantas 1---¡que diera cada una fruto según su propia especie: así también niandó a los cristianos, que son como las plantas de su Iglesia viva, que cada uno diera un fruto de devoción conforme a su calidad, estado y vocación.La devoción, insisto, se ha de ejercitar de diversas maneras, según que se trate de una persona noble o de un obrero, de un criado o de un príncipe, de una viuda o de una joven soltera, o bien de una mujer casada. Más aún: la devoción se ha de practicar de un modo acomodado a las fuerzas, negocios y ocupaciones particulares de cada uno.Dime, te ruego, mi Filotea, si sería lógico que los obispos quisieran vivir entregados a la soledad, al modo de los cartujos; que los casados no se preocuparan de aumentar su peculio más que los religiosos capuchinos; que un obrero se pasara el día en la iglesia, como un religioso; o que un religioso, por el contrario, estuviera continuamente absorbido, a la manera de un obispo, por todas las circunstancias que atañen a las necesidades del prójimo. Una tal devoción ¿por ventura no sería algo ridículo, desordenado o inadmisible?Y, con todo, esta equivocación absurda es de lo más frecuente. No ha de ser así; la devoción, en efecto, mientras sea auténtica y sincera, nada destruye, sino que todo lo perfecciona y completa, y, si alguna vez resulta de verdad contraria a la vocación o estado de alguien, sin duda es porque se trata de una falsa devoción.La abeja saca miel de las flores sin dañarlas ni destruirlas, dejándolas tan íntegras, incontaminadas y frescas como las ha encontrado. Lo mismo, y mejor aún, hace la verdadera devoción: ella no destruye ninguna clase de vocación o de ocupaciones, sino que las adorna y embellece.Del mismo modo que algunas piedras preciosas bañadas en miel se vuelven más fúlgidas y brillantes, sin perder su propio color, así también el que a su propia vocación junta la devoción se hace más agradable a Dios y más perfecto. Esta devoción hace que sea mucho más apacible el cuidado de la familia, que el amor mutuo entre marido y mujer sea más sincero, que la sumisión debida a los gobernantes sea más leal, y que todas las ocupaciones, de cualquier clase que sean, resulten más llevaderas y hechas con más perfección.Es, por tanto, un error, por no decir una herejía, el pretender excluir la devoción de los regimientos militares, del taller de los obreros, del palacio de los príncipes, de los hogares y familias; hay que admitir, amadísima Filotea, que la devoción puramente contemplativa,monástica y religiosa no puede ser ejercida en estos oficios y estados; pero, además de este triple género de devoción, existen también otros muchos y muy acomodados a las diversas situaciones de la vida seglar.Así, pues, en cualquier situación en que nos hallemos, debemos y podemos aspirar a la vida de perfección.

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Todo lo que respire alabe al Señor...


Padre Jaime Alberto Pérez Villegas | Template by - Abdul Munir - 2008